Juan Vicente Piqueras – A sala vazia

a Carlos Edmundo de Ory

Era um de teus jogos favoritos.
O que há em uma sala vazia?,
perguntavas. Mantínhamo-nos em silêncio.

O que há em uma sala vazia?

Os que não conheciam o jogo
às vezes diziam: nada, e tu dizias: não.
Nada é nada, e eu disse o quê
.

Até que alguém dizia, por exemplo: silêncio.
E tu dizias: sim.
E outro dizia: .
E o jogo começava a decolar.

Algumas pegadas no chão.
Um fantasma. Uma tomada. O buraco
de um prego. A penumbra.
O quadrado que deixa na parede
a ausência de um quadro. Um fio.
Uma carta no chão.
A marca de uma palma na parede.
Um raio de sol que entra pela janela.
Uma teia de aranha. Uma pedaço
de papel. Uma unha. Uma formiga perdida.
A música que vem da rua
(há música sem alguém que a ouça?).
Uma mancha de fuligem ou umidade.
Garatujas ou pássaros ou nomes
ou um desenho de Laura na parede.

Tua ias dizendo sim ou não.
Tu sabias. Eras o inventor do jogo.
Tu sabias, Carlos, o que há
na sala vazia onde acabas de entrar.

Era um de teus jogos favoritos.
– O que há em uma sala vazia?
– Um fantasma.
– Já disseram isso.
– Sim, mas aquele a que me refiro é outro.

Trad.: Nelson Santander

 

La habitación vacía

a Carlos Edmundo de Ory

Era uno de tus juegos preferidos.
¿Qué hay en una habitación vacía?,
preguntabas. Guardábamos silencio.

¿Qué hay en una habitación vacía?

Los que no conocían el juego
tal vez decían: Nada, y tú decías: No.
Nada es nada, he dicho qué.

Hasta que alguien decía, por ejemplo: Silencio.
Y tú decías: .
Y otro decía: Polvo.
Y el juego comenzaba a tomar vuelo.

Unas huellas de pasos en el suelo.
Un fantasma. Un enchufe. El agujero
de un clavo. La penumbra.
El cuadrado que deja en la pared
la ausencia de un cuadro. Un hilo.
Una carta en el suelo.
La huella de una mano en la pared.
Un rayito de sol que entra por la ventana.
Una telaraña. Un trozo
de papel. Una uña. Una hormiga extraviada.
La música que llega de la calle
(¿hay música sin alguien que la escuche?).
Una mancha de humo o de humedad.
Garabatos o pájaros o nombres
o un dibujo de Laura en la pared.

Tú ibas diciendo sí o no.
Tú lo sabías. Eras el inventor del juego.
Tú ya sabías, Carlos, lo que hay
en la habitación vacía donde acabas de entrar.

Era uno de tus juegos preferidos.
– ¿Qué hay en una habitación vacía?
– Un fantasma.
– Ya lo han dicho.
– Sí, pero el que yo digo es otro.